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Beatus ille... ("dichoso aquel...") & Oda a la vida retirada
Por Miguel de Leuka Publicado en Filosofía, Literatura en 15/02/2012 0 Comentarios 5 min lectura
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Quinto Horacio Flaco

Beatus Ille | Oda a la vida retirada

En este comentario veremos que el alejamiento temporal de las obras mencionadas, con su temática afin y su similar extensión, denota que la inspiración renacentista de Fray Luis de León y su forma lírica de tratar la vida placentera natural “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido” no tiene una caducidad, siendo esto una constante literaria en la producción sistemática de obras que se inspiran en otras anteriores. Así, Horacio nos dice “como los primitivos mortales, trabaja los paternos campos”, en referencia clara al elogio de una vida retirada de la ciudad y sus problemas.

Tal y como indicamos, Fray Luis de León expone en sus versos una manera de entender la cuestión vital, el amor por la vida natural, campestre, la cual otorga la sabiduría “[…] la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”, y es Horacio mil quinientos años antes quien alaba en su epodo lírico Beatus Ille la misma cuestión vital que ya la expone en el propio inicio de la obra (Beatus ille [Dichoso aquél…]), dicha que refuta esa sabiduría.

Fray Luis de León trata de indicarnos en diversas estrofas los problemas que conlleva esa vida general buscando la fama y el halago externo “No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera”. Esto oculta tal y como comenta, la verdadera realidad, felicidad y dicha. Horacio previamente ya nos decía “evita por igual los pleitos del foro que los soberbios umbrales de los ciudadanos poderosos”, en clara alusión a la necesidad de alejarse de la ciudad y sus incongruencias, encontrando en la vida retirada junto a los animales de labor, las cosechas propias y el alimento de sus propios frutos, sin comprar ni depender de otros, ese saber vivir que nos dará la felicidad “[…] y le adereza la mesa con viandas no compradas”. También se muestran algunas metáforas para representar esa vida mundana, como la equivalente a las personas que viven en la ciudad (barco-persona y mar tempestuoso-ciudad), que aporta Fray Luis de León, así nos dice “Roto casi el navío, a vuestro almo reposo huyo de aqueste mar tempestuoso”.

Como bien expone Horacio, todos los valores de la vida en la ciudad se contraponen con la satisfacción de las recompensas que aporta esa vida campestre, así “No me agradarían más las ostras del Lucrino, el escaro ni el rodaballo, si la borrasca movida por el Levante los dirige a nuestros mares; ni la gallina de África o el francolín de Jonia serían recibidos con más placer en mi vientre que la aceituna cogida de las ramas rebosantes”. En el caso de Fray Luis de León nos hallamos con similares entregas “El aire del huerto orea y ofrece mil olores al sentido; los árboles menea con un manso ruido que del oro y del cetro pone olvido”.

Fray Luis de León

Tanto uno como otro coinciden en que la serenidad que aporta la vida en el campo permite que la mente descanse de lo banal y se preocupe de lo más espiritual o de uno mismo;  “A la sombra tendido,  de hiedra y lauro eterno coronado, puesto el atento oído al son dulce, acordado, del plectro sabiamente meneado”, nos dice Fray Luis de León.

Ambas obras tienen la postura definida en su intento de poner de manifiesto las virtudes del retiro y la vida natural que desde siempre ha caracterizado al ser humano. Sin embargo podemos encontrar alguna diferencia en la oda inspirada de Fray Luis de León, pues este aborda cuestiones más filosóficas que entrañan aspectos relacionados con lo más interior del alma, por eso nos muestra sus pretensiones y las conecta con esa forma vital del retiro “Vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas, sin testigo, libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo”. Estas cuestiones del alma son más lógicas en la oda pues estamos hablando de un religioso agustino, por eso aun cuando ambos poetas afrontan la lírica en momentos muy distantes, Fray Luis de León nos adentra en un mundo espiritual que se halla muy próximo al retiro campestre al que nos invitaba igualmente Horacio.

Quizás debemos incidir también en que Horacio tiene una exposición lírica más enfocada a la descripción de la vida campestre (sin dejar de indicar el mismo mensaje), explicando en pocas frases las actividades propias del campo, sin embargo en Fray Luis de León hallamos una trascendencia más espiritual, una invitación a la meditación ligada quizás a lo religioso en algún momento “[…] del bien que debo al cielo”, por ello su inspiración no se basa únicamente en “copiar” y modificar ligeramente a Horacio, sino en la encumbrada forma literaria de adaptar a su época el mensaje y añadir a este otras nuevas ideas que servirán de nueva fuente inspiradora para los poetas venideros.

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