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Vitrubio. Los órdenes clásicos y su origen
Libro recomendado
Por Miguel de Leuka Publicado en Arte en 16/08/2016 0 Comentarios 2 min lectura
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«Como desconocían las proporciones que debían dar a las columnas que querían poner en ese mismo templo, buscaron el medio de hacerlas lo bastante fuertes para que pudiesen sostener el peso del edificio y que fuesen además gratas a la vista. Para lograr ambos fines, resolvieron tomar como medida la huella del pie de un hombre y la aplicaron en el sentido de la altura, y habiendo descubierto que el pie era la sexta parte del cuerpo, transfirieron esta relación a la columna dando a ésta la altura seis veces el grueso de su imoscapo, incluso el capitel. De esta suerte, la columna dórica, proporcionada al cuerpo varonil, comenzó a dar a los edificios solidez y belleza.

»Algún tiempo más tarde, cuando deseaban construir un templo no para el dios varón Apolo, sino para la delicada Diana, «esta vez les dieron la delicadeza de un cuerpo de mujer. Primeramente hicieron el diámetro de la columna igual a la octava parte de su altura, con el fin de darle un aire más esbelto». Tallaron volutas a una y otra parte del capitel, «queriendo imitar el cabello que cae en bucles a derecha e izquierda» y adornaron la parte anterior de los capiteles con festones de fruta en lugar de cabello. Además, trazaron estrías a lo largo del fuste de la columna, a imitación de los pliegues de la túnica de las matronas. De este modo se formó el segundo orden, el jónico.

»En cuanto al tercer orden de columnas, el corintio, «representa la delicadeza de una doncella», más susceptible de recibir adornos que puedan aumentar su belleza. Cuenta Vitrubio que cuando murió una doncella de Corinto, su nodriza fue a poner sobre su tumba, en un canastillo, algunos de los objetos que a la muchacha más habían agradado en vida y tapó la cesta con un ladrillo. Por casualidad vino a quedar el canastillo sobre la raíz de una planta de acanto. En la primavera la raíz echó tallos y hojas que al tropezar con los cantos del ladrillo tuvieron que doblarse, produciendo los contornos de las volutas. El escultor Calímaco acertó a pasar por allí y decidió reproducir las hojas de acanto en el capitel «corintio». Esto definió el estilo y contribuyó a establecer las restantes proporciones del orden corintio».

Pasaje de: Daniel J. Boorstin. “Los creadores.”

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