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La aportación de Winckelmann a la Historia del Arte
Por Miguel de Leuka Publicado en Arte, Ciencia en 30/01/2012 2 Comentarios 8 min lectura
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Winckelmann, J.J.

Debemos afrontar el inicio de este comentario sin obviar un elemento de mucha importancia para los argumentos de la época; la carencia de conocimientos de datación por método científico de radiocarbono u otros.

Este factor determinará mucho la propia proyección del método que nos argumentará Winckelmann, así como el contraste o el rebate por parte de otros. El Siglo XVIII se enmarcaba en el nacimiento de La Ilustración, siglo de las luces o descubrimientos, y por eso precisamente aún no se conocían todas las técnicas suficientes para la valoración artística, tal y como comentamos, pero supuso el inicio de ese camino.

La existencia de obras griegas, consideradas griegas, copias romanas de las griegas y romanas, dificultaba mucho su clasificación y su atribución artística, hasta entonces hecho de escasa entidad. Winckelmann, anticuario por transformación, supo descubrir al Arte otra forma de “entender” una obra.

Para Winckelmann había que trascender esa concepción de individualismo artístico, pasar a entender la obra dentro de un conjunto, dentro de una clase, dentro al fin, de un estilo. Este estilismo definiría la clasificación de la obra, un hecho totalmente novedoso, pues hasta entonces este aspecto no se había siquiera considerado. La importancia de descubrir esa esencia o perfección, esa belleza le llevó a su clasificación de cuatro estilos definidos.
La cronología establecida mediante estos estilos, que presentaba menos problemas en la Edad Media por la mayor afloración y tenencia de datos de esta época facilitaba el estudio artístico, se complicaba en la antigüedad por la dispersión de obras, la tipología abierta, el sedentarismo cultural respecto a estas piezas y la falta de iniciativas de compilación y clasificación como la ideada por Winckelmann. El ejemplo de la estatua de Marco Aurelio nos fija hasta qué punto esta falta de idea de estilo artístico y situación cronológica permitió su propia conservación (también estos errores propiciaron lo contrario, atribuyendo dataciones o asignaciones erróneas, incluso con copias romanas).

Por poner un ejemplo, diríamos que la forma de tratar artísticamente a las obras antiguas era algo parecida a nuestra datación actual con todos los elementos posibles de fijación cronológica por medio científico, con la diferencia de que nosotros tratamos partes artísticas de la prehistoria con diferencias de “algunos millones de años” y ellos lo hacían con unos cuantos siglos. Básicamente si lo analizamos bien tampoco estaban trabajando tan mal… pero como en todo hace falta una mente despierta que proponga ese cambio que dará como resultado un nuevo enfoque y una nueva forma de entender el arte. Winckelmann.

Posiblemente su concepción de la perfección o belleza griega le afectó en la apreciación más correcta de la valoración artística de las obras, pero precisamente ese “fallo” dará lugar a la crítica, y esta al acercamiento hacia una interpretación más cercana a la actual, que tanto nos aporta.
La lectura formal “[…] saber “leer” el lenguaje de las formas” que propuso Winckelmann daba lugar a la individualidad de la obra, a su posicionamiento temporal y su posible clasificación estilística, otorgando su falta de repetición. Este concepto proponía básicamente que la correcta aplicación del estilo y aproximación cronológica evitaría la asignación de obras duplicadas por copiado (caso de las copias romanas o restauraciones de las griegas precedentes) o el error inducido por una aplicación errónea de estilo artístico de un artista a otro.

El concepto establecido por Winckelmann no solamente descubría un nuevo método de datar o clasificar las obras, permitía, y aquí está el fundamento esencial de la historia del arte, visualizar la evolución histórica de ese arte. Los cambios de los estilos, el perfeccionamiento de las técnicas, el empleo de otras nuevas, el retroceso puntual en algunas zonas geográficas, iban formando un conglomerado de datos y de formas estilísticas que permitían la atribución por “características” de una pieza a una época, a una civilización e incluso a un artista. Esto no solo ha trascendido sino que es de plena aplicación hoy en día (incluso teniendo los métodos de datación actuales), pues el estudio del estilo artístico es determinante para la atribución de la obra.

Por supuesto, Winckelmann no despreció la datación o aplicación de sus cuatro estilos en base a la ingente aportación literaria (era anticuario) dado que de esta se obtenían numerosos aportes para ello. Las obras griegas o romanas, e incluso las de la Edad Media que se sirvieron de la inspiración grecorromana facilitaban esta labor, al citar las fuentes toda serie de datos respecto a a obras precedentes.

Winckelmann, por su propia formación, paso a la descripción artística literaria, lo que le llevó a perder parte de la esencia de esa valoración aséptica y científica, añadiendo los valores literarios de la redacción sublime y un poco barroca en la interpretación artística. Esto evidentemente quedaba bien en un plano poético-artístico, pero se deslindaba del propósito inicial de la valoración esencial “El conjunto de sus formas álzase sobre la humana naturaleza, y su actitud muestra la grandeza divina que lo reviste”.

Su correcta valoración de los datos literarios también le indujo el error de no contar con los períodos menos considerados como el helenismo, en parte porque las aportaciones de las fuentes antiguas eran correctas pero no completas. La falta de datos conllevaba el error de interpretación artística al no tener referencias en algunos casos. Quizás su afición literaria le sirvió para descubrir parte del método, pero también para dejarse influir en exceso por este, dando lugar al error por ausencia y al de descripción literaria artística antes comentados.

Respecto a lo que concierne al misticismo estético atribuido a Winckelmann, debemos indicar que su comparación con Platón y el mundo de las ideas es, cuanto menos distante. Winckelmann no parece inferir de sus estudios que la búsqueda de esa belleza perfecta griega sea un idealismo, sino que la perfección alcanzada por estos había que intentar recuperarla, cosa muy distinta. Otra cuestión es que la crítica quisiera ver en su ensalzamiento de lo griego y de su casi perfecta belleza artística un idealismo platónico. En todo caso creo que nadie discutiría hoy que esa tendencia a mostrar lo más perfecto y bello mediante la técnica nos ha aportado extraordinarias muestras. Gracias también a todas estas disputas, hoy se puede valorar una obra no solo por su aspecto bello, sino por su impacto, por su luminosidad, por su color, por lo que queramos siempre que “afecte a la inteligencia y mueva la voluntad”.

La escultura del clasicismo griego fue para Winckelmann el supremo ideal estético. Diadúmeno de Policleto, versión del Metropolitan Museum de Nueva York.. Wikipedia

Winckelmann nos aportó la evolución artística griega, para ello aplicó nuevas técnicas de estudio, dejó escrito su método y su argumentación y ello ha significado una forma de entendimiento de las cuestiones artísticas.

El basamento del Arte, por así decirlo, tiene su esencia en el método Winckelmann, él fue el que inició la aventura de intentar clasificar lo antiguo, de “posicionar” cronológicamente lo más acertadamente posible a una pieza, de atribuirle por su estilismo un autor conocido si era factible, y por ello es padre de nuestra historia del arte. Las distintas técnicas de datación de este siglo actual y del XX sirven de complemento y de ratificación, pero en ningún caso atribuirán a Miguel Angel un burdo pliegue en mármol en la fase culmen del artista.

En todo caso, el mérito de Winckelmann residió sobre todo en su afán de superación, su transformación personal desde una ascendencia humilde hasta la Cancillería Apostólica de Roma le valió para dejarnos un legado enorme… la Historia del Arte.

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